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Ciegos, Braille y Tecnologías de Impresión

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Gráficos táctiles y reorganización funcional de las imágenes

Actualizado el 25/03/2021 16:00 
 

El niño ciego actúa e interactúa en una pequeña porción de espacio que le rodea y que aprende a conocer desde el punto de Vista táctil. A la hora de crear gráficos táctiles, partiendo de imágenes visuales o de nuevos proyectos, hay que tener en cuenta que, mientras el niño vidente tiene una percepción global y de conjunto y luego, en un segundo momento, detecta lo particular, el detalle, el niño ciego hace exactamente lo contrario: primero detecta el detalle a través de la exploración háptica y luego construye el conjunto, la suma de los detalles explorados.

Ningún otro sentido ofrece la globalidad de la percepción que ofrece el ojo. La privación visual implica una importante reorganización funcional que se expresa a través del uso estratégico de otros canales sensoriales (olfato, tacto, oído). Este proceso compensatorio no es una capacidad espontánea y biológica, sino que es un proceso intencional inducido por la presencia de un contexto educativo y vital estimulante. En los primeros 5 años de vida): los niños ciegos, si se les estimula adecuadamente, aprenden y reproducen atributos espaciales como la proximidad, la separación, la continuidad, la discontinuidad, la contención, la inclusión de un objeto en otro. Entre los 5 y los 10 años): incluyen la dirección, las líneas curvas y rectas, la longitud y la distancia.

Al igual que la motricidad permite la exploración del entorno y el conocimiento de la realidad, al mismo tiempo los mismos conceptos de la realidad pueden reproducirse simbólicamente mediante gráficos táctiles. Los niños son capaces de percibir un objeto en relación con otros objetos y puntos de Vista, pero desarrollan un conocimiento de la geometría proyectiva que progresa a partir de esta etapa. Los niños utilizan intensamente el tacto para acceder al conocimiento espacial y físico de su entorno. Esta intensificación no modifica los niveles sensoriales, sino que dirige la atención hacia determinadas pistas y potencia los procedimientos de exploración. Además de la exploración táctil del entorno, los patrones táctiles diseñados adecuadamente pueden ampliar las oportunidades de explorar el entorno, interactuar con los compañeros o comunicarse con los demás.

El sistema táctil es el que recibe y transmite la información de los receptores sensoriales situados en nuestra piel. Es a través del sistema táctil que el niño recibe información sobre el mundo que le rodea. La capacidad de procesar información táctil le permite sentirse seguro y establecer vínculos con los demás. La experiencia somática más avanzada consiste en la exploración manual activa del entorno. El sistema táctil no sólo tiene un papel pasivo (recibir y procesar estímulos), sino que forma parte de la cadena de mecanismos nerviosos que controlan las contracciones musculares, los movimientos y, en general, la exploración táctil.

Para que el niño ciego tenga las habilidades correctas para percibir gráficos y símbolos por medio del tacto, es esencial una educación orientada a la comunicación de otras informaciones útiles para el conocimiento de todo lo que le rodea. Para lograr este objetivo, los gráficos táctiles y el lenguaje son las herramientas compensatorias más funcionales. A través de las palabras y los gráficos táctiles es posible asignar un nombre y un rostro a aspectos y cosas de la vida cotidiana que el niño ciego no tendría la oportunidad de experimentar de forma independiente. La ausencia de experiencia visual directa hace que la construcción del mundo de los objetos sea mucho más difícil. Por lo tanto, el niño tiene dificultades relacionadas con la abstracción y la comprensión de conceptos no experimentados. Debido a la falta de un fondo imaginativo equivalente al de los niños videntes, llega a comprender ciertos conceptos más tarde. Pronto se da cuenta de la imposibilidad de tocarlo todo. El niño no puede, con tanta autonomía como el niño vidente, recuperar estos conocimientos si se le priva de una educación táctil adecuada y completa a través de herramientas compensatorias como los modelos y los gráficos. Además, es útil integrar la exploración táctil con un soporte verbal adecuado, ya que combinar una terminología adecuada con una evidencia concreta supone incidir en el aprendizaje y favorecer la memorización de conceptos.

Las imágenes mentales de los niños ciegos tienen globalmente las mismas propiedades funcionales que las de los niños videntes, aunque su manipulación mental es más lenta, más laboriosa y a veces menos eficaz que la de las imágenes visualmente dominantes, especialmente cuando hay que procesar una gran cantidad de información espacial o de datos típicamente visuales.

A la hora de crear un dibujo táctil, también es necesario evaluar el grado de legibilidad del relieve, de acuerdo con los umbrales táctiles tolerables que se comparten en el mundo de la percepción háptica y la discapacidad visual. La exploración de las imágenes táctiles se desarrolla en dos fases: un reconocimiento de la imagen en su conjunto, cuyo objetivo es construir un esquema general; una exploración analítica que consigue captar los detalles. Aunque el tacto permite conocer casi todas las propiedades de los objetos, como la forma, el tamaño, la ubicación espacial, la rigidez, el peso, la temperatura, etc., y una cuidadosa exploración táctil permite recrear la imagen correcta en la mente, siempre hay que tener en cuenta que el tacto tiene una capacidad de discriminación reducida: es incapaz de percibir detalles muy refinados: líneas o puntos demasiado cercanos entre sí, segmentos demasiado cortos, etc. Esta condición requiere dibujar de una manera más simple y esencial. Es impensable transmitir a través de un dibujo en relieve la misma cantidad de información que se propone normalmente a través de una representación visual del mismo tamaño. Un dibujo en relieve demasiado rico en detalles sólo acaba confundiendo y desorientando. Además, el tacto no es capaz de percibir directamente las variaciones de luz y color. Debe eliminarse del dibujo en relieve cualquier tipo de sombreado, así como cualquier referencia cromática innecesaria. Por lo tanto, para simplificar las imágenes, hay que eliminar una cantidad muy importante de información; sin embargo, hay que evitar los dibujos demasiado vagos y genéricos.

Un enfoque podría ser definir cuidadosamente la forma general de la imagen, haciendo que los contornos exteriores del objeto dominante que se quiere representar sean lo más claros posible. Además, es necesario realzar los detalles únicos, aquellos que marcan inequívocamente la especificidad del objeto que se quiere representar. Siempre hay que recordar que el niño ciego primero detecta el detalle y luego construye el conjunto. Simplificar la imagen para evitar la información redundante y confusa significa también borrar completamente el fondo y toda la información que contiene.

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